Los términos ciberseguridad y seguridad digital se han vuelto de uso cotidiano en el debate público, político y tecnológico. Sin embargo, lejos de ser conceptos neutros o meramente técnicos, remiten a prácticas humanas que impactan directamente en el ejercicio de derechos fundamentales. Para las personas defensoras de derechos humanos, especialmente en América Latina, estas nociones adquieren una relevancia particular, en contextos marcados por la violencia, la desigualdad estructural y el acceso desigual a las tecnologías digitales, que imponen desafíos específicos a la defensa de derechos.
Desde una perspectiva tradicional, la ciberseguridad suele definirse como el conjunto de políticas, medidas y prácticas orientadas a prevenir, detectar y responder a amenazas en entornos digitales. Este enfoque, históricamente vinculado a la protección de infraestructuras críticas, sistemas informáticos y activos estratégicos, tiende a priorizar una lógica de gestión del riesgo centrada en la estabilidad, la resiliencia técnica y la protección de intereses económicos o estatales. No obstante, los enfoques contemporáneos más avanzados reconozen que la ciberseguridad no puede limitarse a lo técnico, y que debe incorporar explícitamente la protección de los derechos humanos, actuando no solo como un mecanismo defensivo, sino también como un facilitador de derechos como la privacidad, la intimidad y la libertad de expresión. En este sentido, la ciberseguridad se entiende también como un desafío social y económico, estrechamente vinculado al desarrollo y a los valores democráticos.
Por su parte, la seguridad digital propone un desplazamiento conceptual significativo: en lugar de poner el foco en los sistemas, lo coloca en las personas, especialmente en aquellas que se encuentran en situaciones de mayor exposición o vulnerabilidad. Desde esta perspectiva, la seguridad digital se define como el conjunto de riesgos, incidentes y vulnerabilidades que afectan a las personas en el uso y la apropiación de herramientas digitales. Aquí, la vulnerabilidad no es entendida como una falla individual, sino como una debilidad estructural en los sistemas de protección de la información, los dispositivos y los entornos digitales en los los que estas personas operan.
En este marco, el riesgo se concibe como la posibilidad de que una vulnerabilidad sea explotada, considerando tanto la probabilidad del evento como la magnitud de sus consecuencias; mientras que un incidente representa la materialización concreta de ese riesgo. Este enfoque permite comprender que la inseguridad digital no es un hecho aislado, sino el resultado de interacciones complejas entre tecnología, contexto social, actores con poder y desigualdades preexistentes.
Este es el enfoque que adopta TEDIC, entendiendo la seguridad digital como una herramienta clave para la protección integral de las personas , y no únicamente como una estrategia de protección de activos tecnológicos. La mirada de TEDIC reconoce que fortalecer la seguridad digital implica reducir vulnerabilidades estructurales y empoderar a las personas usuarias para que puedan ejercer sus derechos en entornos digitales de manera segura y autónoma.
En estrecha relación con esta perspectiva, se encuentra la apropiación digital, que se concibe como un proceso social, intencional y colectivo, en el que distintos actores intercambian, adaptan y transforman conocimientos tecnológicos. A diferencia de la simple adopción o popularización de herramientas, frecuentemente impulsada por Estados, mercados o algoritmos, la apropiación digital sitúa a las personas usuarias como protagonistas activas, capaces de contextualizar las tecnologías a sus propias realidades, necesidades y luchas.
En este sentido, el acceso a Internet no puede reducirse a la mera conectividad técnica. Un acceso significativo implica la posibilidad de comprender cómo funcionan las tecnologías, modificarlas, producir contenidos relevantes y superar la llamada “barrera de los usos”, es decir, la capacidad real de aprovechar las ETIC para participar plenamente en la sociedad de la información. La noción de conectividad significativa refuerza esta idea, al subrayar que sin apropiación, alfabetización y condiciones materiales adecuadas, la promesa de inclusión digital queda incompleta.
Aunque la tendencia global es utilizar la definición de Ciberseguridad, desde TEDIC trabajamos en la incidencia desde el enfoque de seguridad digital.
